Es indiscutible que la mitología griega
intervino de manera importante en el desarrollo de la humanidad. De las obras
de antiguos dramaturgos el hombre ha dado respuesta a sus insistentes dudas
como la existencia misma. Es también un hecho que la ciencia le ha dado razón
al hombre de su misterioso entorno. Y el fuego, encargado del inicio de la
misma, fue en el principio una fuente
cuyo origen era un enigma. Por ello, y por la naturaleza humana, el
único ser pensante trató de responder esta incógnita con lo que parecía decirle su entorno. Y es
precisamente Esquilo el encargado de
plasmar, en Prometeo encadenado, la razón que los antiguos
griegos le dieron al fuego.
Por la verdad de que este elemento es el
pionero de la ciencia, me resulta interesante hablar de la obra que muestra el
terrible castigo que los seres divinos, en la mitología griega, impusieron al
semidios que nos concedió el mayor regalo: el fuego.
Dentro
de las noventa obras que se le atribuyen a Esquilo, son sólo siete las que se
asegura, están completas. Y el mito de Prometeo
encadenado es una de ellas.
Primero demos una pequeña biografía del
creador del drama. Esquilo, proveniente de una familia de nobles, tendría el
tiempo necesario para desarrollar sus habilidades como dramaturgo, además de haber luchado en
las guerras promovidas en contra de los persas, hecho que él mismo después
describiría en algunas de sus obras. Contemporáneo de Sófocles y Eurípides,
resultaría sobresalir por añadir al teatro ciertos elementos importantes en el
mismo. Sin embargo, se cuenta que fue Sófocles el que lo venció en alguna
ocasión en la que ambos mostraron su creación teatral. Esquilo sería también
acusado de revelar los misterios de Eleusis, razón por la que fue juzgado y más
tarde absuelto. La situación de su muerte hoy no se puede asegurar. Sin
embargo, se le ha dado fama a la razón que afirma que Esquilo, después de haber
asistido con el oráculo, decidió adentrarse en el bosque y vivir allí por miedo
a que se cumpliese la profecía de su muerte a causa de la caída de una casa que
le quitaría la vida. Es irónico observar que la leyenda cuenta que éste,
huyendo de su destino, termina caminando hacia él. Pues en uno de sus paseos
como ermitaño, Esquilo termina muerto al caer, sobre él, un caparazón de
tortuga que fue liberado por un ave que casualmente pasaba por allí.
Por otro lado, y adentrándonos a la obra en
cuestión, Prometeo encadenado es conocido como una de las
obras más representativas de Esquilo. Es en ella en la que podemos ver a un
Prometeo orgulloso, valiente y resistente ante la pena que se le ha dado por
regalar al hombre tan maravilloso obsequio como lo es el fuego. Después de
haber violado las prohibiciones de las
autoridades del Olimpo (de no dar al hombre el fuego por miedo a un desarrollo
intelectual) la exposición de un cuerpo
vulnerable ante los cambios como la lluvia, el frío, el calor y otros factores
ambientales parece formar una de los adecuados escarnios al héroe de la
humanidad. Es Zeus el principal en imponer el castigo, y en repetidas ocasiones
distintos personajes acuden con el preso a persuadirlo para que pida la
misericordia de Zeus, consejo que el orgulloso hombre no tarda en negar.
Océano, no obstante le promete liberarlo de tal aflicción, acto que parece no
cobrar valor para Prometeo, pues éste, dice predecir la caída de Zeus. La
rebeldía y la fidelidad del semidiós encadenado es tal, que aún al acudir Hermes,
por orden de Zeus, a su lado para hacerle hablar de la profecía, el héroe se
niega a decir algo a pesar de conocer la terrible condena que atraía su
actitud. Por ello, el inmortal hombre es atacado desde las alturas por
impetuosos relámpagos y sepultado, junto con el coro que siempre lo acompaña,
con rocas que se hicieron caer desde las montañas.
Como en todo texto mitológico griego, la
anécdota que se cuenta en Prometeo encadenado está llena de circunstancias
y sucesos fantásticos que intervienen de manera importante e interesante en la
vida de nuestros héroe en turno; Prometeo.
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